Por: José de Jesús Ortega Cruz En el libro Ni venganza ni perdón, de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández, se revela un episodio desde las entrañas del movimiento magisterial de la “combativa” Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), entonces encabezada por Pedro Gómez Bámaca. El relato sitúa este momento durante el gobierno
Por: José de Jesús Ortega Cruz
En el libro Ni venganza ni perdón, de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández, se revela un episodio desde las entrañas del movimiento magisterial de la “combativa” Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), entonces encabezada por Pedro Gómez Bámaca. El relato sitúa este momento durante el gobierno estatal de Manuel Velasco Coello, justo cuando se construía la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador en 2018.
Cabe señalar que, en días recientes, “El Güero” se “desmarcó” de cualquier relación cercana con el expresidente López Obrador. Sin embargo, en las líneas dedicadas al tema, queda expuesto lo que es por todos sabido: Manuel Velasco fue un facilitador de la transición, gracias a su relación cercana con el movimiento magisterial.
Scherer Ibarra destaca la figura del entonces gobernador no solo como un aliado incondicional de López Obrador, sino como un “amortiguador” político. Mientras el gobierno de Enrique Peña Nieto enfrentaba una crisis de legitimidad por la represión magisterial en Oaxaca, Velasco mantuvo en Chiapas una política de “no agresión”. Esta decisión fue estratégica: al no “lastimar” a los maestros, blindó su administración de las protestas violentas que incendiaron otros estados.
Pese a que el líder de la Sección 7 (SNTE-CNTE) sostenía ante los medios un discurso “combativo”, en la práctica, su relación con el poder podría calificarse incluso como de “sumisión”. El pasaje más revelador es el encuentro entre Scherer y Gómez Bámaca; el rechazo del líder a reunirse en Chiapas y la elección de un lugar privado en Polanco (CDMX) subraya el celo por su imagen política y la clandestinidad necesaria para negociar acuerdos de alto nivel.
La “lealtad ante todo” queda plasmada en la frase: «No somos priistas, pero no vamos a dejar de apoyar a nuestro gobernador». Esto rompe el mito de que el magisterio chiapaneco es puramente opositor; su lealtad no era al partido (PRI/Verde), sino al trato recibido por el gobernante.
Scherer concluye que en Chiapas existían “valores entendidos”. En política, esto significa que ambas partes conocen sus límites y beneficios: el Gobierno no reprime y el Magisterio no desestabiliza. Al describir a los maestros como “tremendos”, Scherer reconoce su capacidad de movilización.
El análisis deja claro que para gobernar Chiapas no basta con tener el apoyo federal; es imprescindible tener la “llave” de la Sección 7. En ese momento, esa llave la tenía Manuel Velasco, lo que permitió que el proyecto de López Obrador transitara con suavidad en el estado, beneficiando de paso a Rutilio Escandón Cadenas, a quien Scherer define en su libro de forma lapidaria como “torpe”.
















